(Por Bernardo Olivera) MarÃa,
Hija predilecta del Padre, Madre del Hijo único de Dios, Templo del EspÃritu Santo y Esposa de San José.
Te confesamos: Inmaculada y siempre Virgen, Madre de Dios y de la Iglesia, Asunta, Mediadora y Reina.
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MarÃa, Dios te colmó de gracia para que fueras Madre de la Vida: de Jesús y de la nuestra.
Deseamos llegar al Padre, por Cristo de quien eres Madre, en el EspÃritu Santo que te habita.
¡Queremos contemplarlos con la luz de tus ojos fieles, amándolos en el fuego de tu corazón en llamas!
Por eso nos entregamos y ponemos en tus manos. Confiamos a tu protección materna y nos consagramos en alianza eterna.
Combatimos al pecado. Creemos, esperamos y amamos. Comemos a Jesús sacramentado. Nos esforzamos y ejercitamos. Dialogamos con el Verbo revelado. Somos familia: hijos y hermanos.
Morenita Guadalupana, Virgencita de Luján, Señora de la Merced y del Carmen, Madre nuestra Reconciliadora: preséntanos a Jesús, concédenos a Jesús, confórmanos con Jesús.
Consagrados en alianza eterna testimoniamos la santidad de la Iglesia y consolidamos su unión. Aliados con Dios, en la solidaridad y soledad de MarÃa, compartimos lo que somos: marianos y contemplativos al servicio de todos.
Amén. |